Noticias — 01 April 2018
Hacia una sociedad sin efectivo

Existe una tendencia hacia una economía sin efectivo que preocupa a muchas personas en muchos países por cuestiones de privacidad y seguridad. Pero en Suecia estas preocupaciones se silencian, y van camino de eliminar el efectivo. En todo el país, el efectivo ahora se utiliza en menos del 20% de las transacciones en las tiendas, que es la mitad del número de hace cinco años. Para pagos totales de todo tipo, sólo el 1% son en efectivo en comparación con alrededor del 7% en la mayoría de los EE.UU. y de la UE. Cada vez es más común ver en Estocolmo las señales en las tiendas y restaurantes que dicen: «No aceptamos efectivo». Ha habido un “efecto dominó” constante, con más y más tiendas que no quieren efectivo, y volviéndose esto cada vez más aceptable socialmente. Las monedas y los billetes se han prohibido en los autobuses durante varios años, pues los sindicatos expresaron su preocupación por la seguridad de los conductores.

Las pequeñas empresas también se quedan sin efectivo gracias a la ayuda de lectores de tarjetas móviles como iZettle, que fue creado por una empresa sueca. Dichas tecnologías portátiles han permitido que incluso los vendedores en los mercados o en la calle realicen pagos con tarjeta fácilmente. Un turista británico comentó: «No es como en el Reino Unido, donde a menudo hay un gasto mínimo cuando vas a un quiosco o estás en medio de la nada». Otra innovación sueca popular es el sistema de pago de smartphones llamado ‘Swish’. Es una aplicación que permite a sus clientes enviar dinero de forma segura a cualquier otra persona que tenga la aplicación, simplemente usando su número de teléfono móvil. Sólo hace falta un teléfono, una cuenta bancaria sueca y su número de identificación. Es una forma popular de transferir dinero al instante entre amigos, y más de la mitad de la población usa la aplicación.

Según una investigación del Banco Central Sueco, una gran razón por la que la idea de no llevar efectivo se ha extendido tan rápidamente es que «los suecos tienden a confiar en los bancos, en las instituciones; las personas no temen los problemas del “Gran Hermano” o el fraude conectado a los pagos electrónicos». Pero la tendencia no es del agrado de todos. Bjorn Eriksson, ex comisario de la policía nacional y presidente de Interpol, explica: «Me gustan las tarjetas. Lo que me enfada es que alrededor de un millón de personas (el 10% de la población) no pueden manejar las tarjetas: ancianos, ex convictos, turistas, inmigrantes, etc. Pero a los bancos no les importa porque estas personas no son rentables». Bjorn dirige un movimiento nacional llamado Kontantupproret (rebelión del efectivo), que también está preocupado por el robo de identidad, el aumento de la deuda del consumidor y los ciberataques. «Este sistema podría ser fácilmente alterado o manipulado. ¿Por qué invadirnos cuando es tan fácil? Corten el sistema de pago y estaremos completamente indefensos», dice Eriksson.

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