Noticias — 01 January 2018
Piel de naranja que se convierte en bosque

Hace veinte años fueron depositadas toneladas de restos de alimentos en suelo deforestado, y los increíbles resultados de este experimento suponen una poderosa indicación de que pueden recuperarse más ecosistemas de esta forma. Este terreno que era infértil tiene ahora una mayor biodiversidad, un suelo más rico y una cobertura forestal mucho mejor que ninguno de los bosques antiguos de la zona. Fue en 1997 que los ecologistas Daniel Janzen y Winnie Hallwachs se dirigieron a una empresa de zumo de naranja en Costa Roca con una idea poco convencional: utilizar sus desperdicios para enriquecer la tierra. La empresa accedió y envió mil camiones (12.000 toneladas métricas) de pegajoso y denso compost de naranjas al parque nacional, para ser depositados sobre un enorme pastizal esquilmado.
Adelantémonos al 2017, y veremos que la zona entera tiene mucha mayor densidad de árboles y vegetación que las tierras vecinas. El crecimiento ha sido tan abundante que tardaron muchos días tan solo en encontrar la señal que marca la zona, pues estaba cubierta de plantas trepadoras, arbustos y flores silvestres. El resultado es muy esperanzador para muchas partes del mundo donde se necesita aportar a los suelos locales los nutrientes que permitan a los ecosistemas regenerarse a sí mismos. Además, pruebas recientes sugieren que los bosques tropicales secundarios (los que crecen una vez han desaparecido los árboles originales) son esenciales a la hora de mitigar el cambio climático, ya que absorben y almacenan once veces más carbono atmosférico que los bosques antiguos. Teniendo en cuenta que, tan solo en los EE.UU., la mitad de los restos alimentarios son llevados a vertederos, es hora de repensar dónde se colocan estos residuos y de aprovechar el potencial que tienen para mejorar el medioambiente.

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